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Confederación Argentina de Clínicas,
Sanatorios y Hospitales (CONFECLISA)
"La presión tributaria ejercida ha llegado a niveles insostenibles
para los prestadores privados de salud. En la actualidad, los sana- torios
se encuentran fuertemente endeuda- dos, siendo el principal acreedor el
Estado en sus diferentes niveles.
Si analizamos la presión tributaria desde el punto de vista de
lo devengado, se aprecia (según se detalla en el anexo I, en el
que se expone un estado de resultados promedio) que la pérdida
en concepto de impuestos, cargas sociales e intereses de planes de pagos
representa el 20,75% de la facturación neta. Sin embargo, si consideramos
que los sana- torios mantienen deudas con el fisco (en sus tres niveles)
incluidas en moratorias y planes de pago que se intentan cancelar al día,
se aprecia (según se detalla en el anexo II, en el que se expone
un fluir de fondos promedio) que el 29% de las cobranzas se destinan la
cancelación impuesto, cargas sociales y moratorias.
Por otra parte, debemos considerar el fuerte impacto en los costos de
un sanatorio que ha causado y que seguirá causando los aumentos
de salarios. En la actualidad se ha ido incorporando progresivamente como
remunerativo el incremento de sueldos (de $200 por empleado) que originalmente
fuera no remunerativo. Esto ha provocado un aumento 'de los costos para
las clínicas de $224 por empleado ($200 de salario y $24 de contribuciones
patronales). Además, el día martes 11 de noviembre de 2003,
los minis- tros de Economía y Trabajo (Roberto Lavagna y Carlos
Tomada, respectivamente) realizaron conjuntamente el anuncio de un incremento
(no remunerativo) en los salarios que rigen a partir de enero de 2004,
de $50 por empleado y por mes. Debemos recordar en este punto que el principal
costo de los sanatorios está representado por la mano de obra,
ya que la utilización de la misma se realiza de manera intensiva,
debido a que la institución debe estar en funcionamiento todo el
día, durante la totalidad del año.
Estos incrementos salariales ($274 por empleado y por mes) representan
en febrero
de 2004 (cuando los $200 originales pasan a ser completamente remunerativos)
un 10,7% de la facturación de un sanatorio. Lo expuesto no puede
ser soportado por las instituciones privadas de salud. Más si tenemos
en cuenta, que estas instituciones ya eran deficitarias antes de estos
aumentos salariales. Así, en una clínica donde los gastos
suman la cantidad de $5.067.593, el costo laboral asciende a $2.041.077,
antes del aumento referido.
Por otra parte, los derechos y cápitas que perciben los sanatorios
por las prestaciones que efectúan se mantienen en los mismos valores
del año 2001 (antes de la devaluación). No obstante los
prestadores siguen atendiendo a sus pacientes pese a la mayor demanda
tecnológica y a los insumos, que en su mayoría importados
han hecho crecer los costos de las prestaciones. Además, la creciente
complejidad del sistema tributario trae aparejada una carga de trabajo
administrativo cada vez mayor (Ej.: agentes de percepción y recaudación
de ingresos brutos, agentes de retención de impuesto a las ganancias,
responsables de bienes personales por la participación societaria,
agentes de información de la RG 4120 (DGI) y de la RG 167 (AFIP-DGI),
entre otros).
Sin embargo, el Estado lejos de favorecer la prestación de salud,
brindando incentivos a los establecimientos, les ha propinado un trato
discriminatorio. Si bien existen varios sectores productivos sumidos en
una profunda crisis, no podemos dejar de advertir que el estado ha delegado
en los establecimientos privados de salud uno de sus deberes esenciales.
Es sumamente criticable, y creemos que es una decisión arbitraria
y basada en meros fines recaudatorios, el hecho que al sector salud no
se lo haya beneficiado con las desgravaciones e incentivos transitorios
otorgados por los planes de competitividad. Sin embargo, el sector privado
prestador tuvo que complementar la prestación brindada por los
hospitales públicos, colaborando en diversos planes nacionales
debido a la insuficiencia de prestación estatal, e inclusive ha
sido el principal financiador del Estado en materia sanitaria, como hemos
descripto anteriormente, debido a los atrasos en los pagos registrados
por las distintas Obras Sociales estatales.
EI sector privado prestador del servicio publico de salud, ha sido afectado
notable- mente por un impuesto netamente regresivo, el IVA. La Corte Suprema
de Justicia de la Nación ha reconocido en la causa Famyl S.A. c/Estado
Nacional s/Acción de Amparo de fecha 28/08/2000, el efecto del
impuesto. En esta causa se trató el tema de la inconstitucionalidad
de la ley 25.063 (que grava en el IVA a los servicios brindados por empresas
de medicina prepaga), y tanto en los considerandos del voto del Sr. Ministro
Dr. Enrique S. Petracchi, como en el Dictamen de la Procuración
General de la Nación se deja explícitamente sentado que
"....la propuesta de los legisladores tuvo en mira un objetivo principal,
esto es, incrementar la presión tributaria....."; que ",...el
hecho de que la reforma tributaria contenida en el proyecto de ley 25063,
como "unidad" o "todo", haya tenido el propósito
de aumentar la presión
tributaria...."; que "....El espíritu de la norma fue
aumentar la presión tributaria...."; que "....el objetivo
que enmarcó la sanción del proyecto de ley 25063 fue el
de aumentar la presión tributaria....". Como observamos, la
mayor presión tributaria que afecta el sector, no se compadece
con el principio de la capacidad contributiva, receptado jurisprudencialmente
por el Máximo Tribunal, lo que llevaría a la conclusión,
como única posibilidad, que el Estado persigue fines extrafiscales
desalentando la prestación privada del servicio de salud, o en
otros términos, por vía de la tributación se trata
de condenar a una actividad esencial, que pretende cumplir objetivos constitucionales
-acceso a la salud-, delegada por el propio Estado a los particulares.
A modo de ejemplo de la presión tributaria que ejerce el Estado,
a continuación se describe la situación real de una institución
sanatorial ubicada en una ciudad de más de 500.000 habitantes que
posee 70 camas, con 230 empleados y un staff médico de 90 profesionales
independientes.
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